sábado, 20 de octubre de 2012

Amarás a Dios sobre todas las cosas



Primer MandamientoAmarás a Dios sobre todas las cosas


El primer mandamiento nos prohíbe la idolatría, la superstición, el sacrilegio, la herejía y cualquier otro pecado contra la religión.


Se llama Idolatría dar a una criatura cualquiera, por ejemplo a una estatua, a una imagen, a un hombre, el culto supremo de adoración debido sólo a Dios. En la Sagrada Escritura se halla expresada esta prohibición con las palabras: No harás para ti escultura ni figura alguna de lo que está arriba en el cielo o abajo en la tierra. Y no adorarás tales cosas ni les darás culto. Estas palabras prohíben sólo las imágenes de las falsas divinidades hechas con el fin de ser adoradas, como hacían los idólatras. Es esto tan verdadero, que el mismo Dios mandó a Moisés que hiciera algunas, como las dos estatuas de querubines sobre el arca y la serpiente de metal en el desierto.

Se llama Superstición cualquier devoción contraria a la doctrina y uso de la Iglesia, como también atribuir a alguna acción u objeto cualquiera una virtud sobrenatural que no tiene.

Se llama Sacrilegio es la profanación de un lugar, de una persona o de una cosa consagrada a Dios y destinada a su culto.

Se llama Herejía es un error culpable del entendimiento  por el que se niega con pertinacia alguna verdad de fe.



domingo, 19 de agosto de 2012

Edificio de la Compañia Guipuzcuana, en la guaira. Estado Vargas

Edificio de la antigua Compañía Guipuzcoana

Una economía agrícola de exportación

En el período colonial, Venezuela inició una relación de dependencia frente a los grandes mercados del mundo, situación de la que aún no ha logrado librarse del todo. En esa época, el país se dedicó fundamentalmente a exportar productos agrícolas tropicales y a importar todas las manufacturas que necesitaba. El principal producto de exportación era el cacao, que se vendía a España, para de allí ser enviado a toda Europa, y a México. También se exportaba cuero, tabaco y animales a las islas del Caribe.

El contrabando y la Compañía Guipuzcoana

Carlos III, rey de España
En la época colonial existía un monopolio comercial mediante el cual Venezuela estaba obligada a venderle sus productos sólo a España; sin embargo, como la Corona española no compraba la producción a buenos precios, se comenzó a practicar un intenso comercio de contrabando, fundamentalmente con los holandeses, en Curazao, para poder satisfacer la demanda de insumos.
El ámbito de control llevado a cabo por la Compañía Guipuzcoana en función de reprimir el contrabando, se centró principalmente en el establecimiento de flotas llamadas Guardacostas que efectuaban las funciones de patrullaje, represión, persecución y aprehensión de los contrabandistas; además de los resguardos de mar y tierra y la creación de factorías y patrullas en los puertos y ciudades vecinas.
La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas fue una figura jurídica legalmente constituida el 25 de septiembre de 1728 en virtud de una Real cédula expedida por el rey Felipe V y creada por empresarios vascos, principalmente de la provincia de Guipúzcoa, en el norte de España, con el objetivo de establecer un esquema de intercambio comercial recíproco y exclusivo entre Madrid y la provincia de Venezuela. La Compañía operó desde su creación hasta 1781. En 1785 se convirtió en la Compañía de Filipinas tan bien trasladaba marihuana y cocaina.
 Las acciones de dicha compañía la tenían capitalistas vascos de la provincia de Guipúzcoa quienes le dieron una muy buena participación al rey. Los barcos de la Compañía debían partir de Guipúzcoa, llegar a los puertos de la Guaira o Puerto Cabello y de regreso desembarcar en Cádiz. A la empresa le fue otorgado el monopolio comercial con la provincia de Venezuela. Era la única que podía vender toda clase de mercancías importadas e igualmente sólo ésta podía comprar los productos y llevarlos a España.
Esta compañía tuvo el privilegio de monopolizar todo el comercio de exportación e importación, así como de combatir el contrabando.
Las inversiones de la Compañía Guipuzcoana fueron muy positivas, pues se construyeron caminos, se fomentaron las siembras y se impulsó el crecimiento de la economía. Sin embargo, el control sobre las mercancías, que vendían a muy alto precio, y el bajo pago que ofrecían por el cacao, generaron algunos alzamientos. Entre estos destacan el del zambo Andrés López del Rosario, de 1730 a 1733, y el de Juan Francisco de León, de 1749 a 1750. Cuarenta años después, en 1789, La Guaira se benefició con la Libertad de Comercio decretada por el rey Carlos III.


El cacao fue el principal protagonista de la actividad comercial en la sociedad colonial venezolana del siglo XVIII.
La antigua sede de la Compañía en Venezuela, un hermoso edificio con techo a dos aguas con un pequeño patio interno, típico ejemplo arquitectónico del País Vasco, es en la actualidad un museo. Se encuentra en el puerto venezolano de La Guaira, cercano a Caracas. Afortunadamente, esta reliquia histórica no resultó deteriorada durante las inundaciones ocurridas en el Estado Vargas en diciembre de 1999.
El saqueo y explotación que se manifestó a través de la Compañía Guipuzcoana en la época de la colonia sigue manifestándose en el sistema capitalista despiadado.
Sede Compañía Guipuzcoana. Casco Colonial... UI080819

sábado, 16 de junio de 2012

Hoy por ti, mañana por mí

Yo cansado, tú perdida,
nos curamos las heridas con ají.
Hoy por ti, mañana por mí
Si caminas yo te sigo,
si te cansas hago un nido en el arcén.
Hoy por tí, mañana también
En tus sueños me desvelo,
con tus alas alzo el vuelo
Tú la flor, yo el colibrí,
Hoy por ti, mañana por mí
Hoy por ti, mañana por mí
Hoy por ti, mañana por mí
Si estás triste
yo te invento cuatro caricias y un cuento.
Ni te tiro de las riendas,
ni me piro con las prendas que ofrecí.
Hoy por ti, mañana por mí
No me mientas que te creo,
por las cuentas del deseo muere el pez
Hoy por ti, mañana tal vez.
Y al contrario y viceversa
Y en la buena y en la adversa
Del derecho y del revés
Tu primero, el mundo después
Tu primero, el mundo después
Tu primero, el mundo después
Tu tan joven, yo tan viejo
Le dijo el monte al conejo
Arrebujado en tu manta
Le imploro al gallo que canta
Kikirikí
Hoy por ti, mañana por mí
No te mueras si me muero
no me hagas con mi dinero un funeral
guárdalo para el carnaval
El amor no tiene cura
Y es eterno mientras dura
A tope o al ralentí
Hoy por ti, mañana por mí
Hoy por ti, mañana por mí
Hoy por ti, mañana por mí
Más si luego me abandonas
Prendo fuego a Barcelona
En la noche de San Joan
Y aso la costilla de adan
Mi amor, mi cómplice y mi todo
Y en la calle codo a codo
Somos muchos más que dos
Hoy por ti, mañana por vos
Hoy por ti, mañana por vos
Hoy por ti, mañana por vos
Hoy por ti, mañana por vos
Escucha la canción “Hoy por ti, mañana por mí”
Canción: Hoy por ti, mañana por mí
Año: 2011
Letra: Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat
Disco: La Orquesta del Titanic (2012)

Acuérdate de mí

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Acuérdate de mí cuando me olvides,
que allí donde no estés iré a buscarte
siguiendo el rastro que en el cielo escribes
las nubes que van a ninguna parte.
Acuérdate de mí
en tus plegarias
y búscame con los ojos cerrados
entre la muchedumbre solitaria
yo tampoco te quiero… demasiado.
Como te tomo, me doy
como te busco te evito
como me vengo, me voy
como me pongo, me quito
como te falto, te sobro
como me callo, te digo
como te pago, me cobro
como te extraño, te olvido.
Por ver volar los veces de colores
hicimos agujeros en el agua
preocupados en los alrededores
siempre en la dimensión equivocada.
Mujer de sombras y de melancolía
volvamos al Edén que nunca has ido
a celebrar con las copas vacías
el gusto de no habernos conocido.
Como te tomo, me doy
Como te busco, te evito
Como me vengo, me voy
Como me pongo, me quito
Como te falto, te sobro
Como te falto, te sobro
Como me callo, te digo
Como me callo, te digo
Como te pago, me cobro
Como te extraño, te olvido
Como te tomo, te tomo, me doy
Como te busco, te busco, te evito
Como me vengo, me vengo, me voy
Como me pongo, me pongo, me quito
Como te falto, te sobro
Como me callo, te digo
Como te pago, me cobro
Como te extraño, te olvido
Canción. Acuérdate de mí
Año. 2011
Letra. Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat
Disco. La Orquesta del Titanic (2012)

Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres



Fisica y Quimica

Fue en un pueblo con mar
una noche despues de un concierto;
tú reinabas detrás
de la barra del único bar que vimos abierto
-”Cántame una canción
al oido y te pongo un cubata”-
-”Con una condición:
que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata”-
loco por conocer
los secretos de su dormitorio
esa noche canté
al piano del amanecer todo mi repertorio.
Los clientes del bar
uno a uno se fueron marchando,
tú saliste a cerrar,
yo me dije:
“Cuidado, chaval, te estas enamorando”,
luego todo pasó
de repente, su dedo en mi espalda
dibujo un corazón
y mi mano le correspondió debajo de tu falda;
caminito al hostal
nos besamos en cada farola,
era un pueblo con mar,
yo quería dormir contigo y tú no querías dormir sola…
Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una
y las dos y las tres
y desnudos al amanecer nos encontró la luna.
Nos dijimos adios,
ojalá que volvamos a vernos
el verano acabó
el otoño duró lo que tarda en llegar el invierno,
y a tu pueblo el azar
otra vez el verano siguiente
me llevó, y al final
del concierto me puse a buscar tu cara entre la gente,
y no halle quien de ti
me dijera ni media palabra,
parecia como si
me quisiera gastar el destino una broma macabra.
No había nadie detrás
de la barra del otro verano.
Y en lugar de tu bar
me encontré una sucursal del Banco Hispano Americano,
tu memoria vengué
a pedradas contra los cristales,
-”Se que no lo soñé”-
protestaba mientras me esposaban los municipales
en mi declaración
alegué que llevaba tres copas
y empecé esta canción
en el cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa
Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una
y las dos y las tres
y desnudos al amanecer nos encontró la luna.
Título: Y nos dieron las diez
Año: 1992
Letra: Joaquín Sabina
Música: Joaquín Sabina
Disco: Física y Química (1992)

domingo, 10 de junio de 2012

tranquilidad de conciencia contemporánea

Günther Anders explica el insólito fenómeno de la tranquilidad de conciencia contemporánea aludiendo a lo que el llama “el desnivel prometeico.

 Es la idea de que, actualmente, somos capaces técnicamente de producir efectos desmesurados con acciones insignificantes. Aprietas un botón y una bomba cae sobre Hiroshima y mata a 200.000 personas. La desproporción entre la acción y sus efectos es tan grande que la imaginación se desorienta. Es imposible, por otra parte, vivir emocionalmente la muerte de 200.000 personas. Los seres humanos estamos hechos para sentir la muerte de un ser querido, incluso de bastantes seres queridos y no queridos. Pero el número 200.000 no nos dice nada emocionalmente.


Hannah Arendt contaba que, durante su juicio en Jerusalén, el genocida Eichmann explicaba con naturalidad que su trabajo consistía en aligerar el ritmo de la cadena de exterminio de judíos. Así pues, desde su punto de vista, era un éxito laboral el que, gracias a ciertas mejoras técnicas en la rutina del exterminio, se lograra eliminar 25.000 personas al mes, en lugar de 20.000. Ahora bien, en una ocasión en que unos testigos le acusaron de haber estrangulado a un muchacho judío con sus propias manos, Eichmann perdió los estribos y se puso a gritar desesperado que eso era mentira, “que él nunca había matado a nadie”. Estrangular a una persona es insoportable para una conciencia moral normal, administrar la muerte de un millón de personas es pura rutina. 



Pero el problema es que siempre estamos ya, lo queramos o no, apretando esos botones que producen efectos demasiado grandes para nuestra capacidad de imaginar y de sentir. Susan George comparaba a los ejecutivos que teclean pacíficamente en su ordenador del Fondo Monetario Internacional con los pilotos de un B-52 que aprietan los botones de un tablón de mandos para dejar caer toneladas de bombas sobre una población civil. Probablemente los pilotos no pueden representarse fácilmente el desajuste que hay entre la insignificancia de su gesto sobre el tablero y la desmesura de sus efectos, ahí abajo, sobre la ciudad bombardeada. Con mucha menos razón, el ejército de ejecutivos que deciden sobre las medidas económicas que se aplican a lo largo y ancho del planeta (y el ejército de periodistas e intelectuales que les hacen el juego), no están en condiciones de hacerse cargo moralmente de este “desnivel prometeico” entre “su trabajo”, rutinario y pacífico, y el océano de miseria y de dolor sobre el que están produciendo sus efectos.

Anders responsabiliza a la complejidad de la técnica y la industria de este “desnivel prometeico”. Yo diría que no se trata tanto de una cuestión de complejidad técnica como de una cuestión de complejidad estructural. Sea como sea, su intuición es acertada. Cuando la voluntad está separada de sus efectos por una complejidad muy grande, la voz de la moral se desconcierta por entero. En general vivimos en un mundo tan complejo desde un punto de vista técnico y estructural que todas nuestras acciones, incluso las más aparentemente insignificantes, tienen unos efectos colaterales imprevisibles. Dicho brevemente: estamos sumidos en una situación en la que no hay manera de saber lo que estás haciendo cuando haces lo que haces. Por supuesto, en estas condiciones, la voz de la moral no sabe a qué atenerse. Es demasiado complejo distinguir entre el bien y el mal.



El Viejo Topo

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